Colesterol: la realidad

El colesterol es un tema espinoso, difícil de tratar. Se observa con lupa en las analíticas y todo el mundo opina sobre él. Pero lo cierto es que todos se equivocan… incluida a veces la medicina natural.

Al hablar de colesterol parece que nos trasladamos enseguida a una película del Oeste, donde los “buenos” y los “malos” luchan incansablemente en duelos de los que no entendemos gran cosa. ¿O no tenemos acaso en nuestro cuerpo un colesterol “bueno”, protector de las arterias, que se enfrenta a su archienemigo, el colesterol “malo”, para evitar que este último consiga que caigamos en las mortales garras de la enfermedad cardiovascular?

En realidad, este es el decorado perfecto para sembrar el miedo y la preocupación. De hecho, tanto en los medios de comunicación como en la sala de espera del médico la caza al colesterol “malo” parece el único tema de conversación, y además siempre bajo una única consigna: conseguir que disminuya a toda costa, pero en su justa medida... ¿En qué quedamos?

Se ha generalizado la creencia de que el colesterol es causa directa de las enfermedades cardiovasculares. Algo que parece muy lógico, ya que la mayoría de los estudios,y en particular el famoso “Framingham study” realizado en 1977, indican que las personas con un nivel elevado de colesterol padecen más enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, en realidad eso es discutible, ya que no hay nada quepruebe que sea el colesterol el que provoca estas enfermedades. De hecho, estudios publicados en los últimos años llegan incluso a indicar lo contrario. Para empezar, no siempre se comprende bien qué

implican los conceptos de colesterol “bueno” y “malo”. El LDL-Colesterol (el “malo”) es el colesterol que se vehicula en las lipoproteinas de baja densidad (low density liproteins). Al oxidarse e ingresar en la pared arterial, este LDL-Colesterol precipita el desarrollo y mantenimiento del fenómeno arterioesclerótico. Por el contrario, el HDL-Colesterol (el “bueno”) se vehicula en las lipoproteinas de alta densidad (high density lipoproteins) y extrae en parte el colesterol “malo” del interior de la pared arterial. Por todo ello se considera al LDL como el peor enemigo de nuestras arterias y, para contrarrestarlo, no dudamos en utilizar cualquier arma puesta a nuestra disposición por las farmacéuticas, como sucede con los hipocolesterolemiantes. Son eficaces y consiguen bajar el nivel de colesterol rápidamente, de eso no hay duda, pero no sin sus riesgos añadidos.

Al centrarse exclusivamente en la problemática cardiovascular, los médicos descuidan la importancia de los efectos secundarios que provocan los tratamientos hipocolesterolemiantes. Y éstos, por desgracia, son muchos: problemas de memoria, dolores musculares y en los ligamentos, impotencia, diabetes tipo 2, etc. Aunque, evidentemente, estas consecuencias son cuidadosamente disimuladas por los fabricantes de estos fármacos. Por ejemplo, en el caso de las estatinas, medicamento insignia de la industria farmacéutica para reducir el nivel de LDL (o colesterol “malo”), la comunidad científica ya ha denunciado el alto riesgo de diabetes y obesidad que conlleva su consumo. Estas patologías son precisamente las causantes de las enfermedades cardiovasculares.

¿Qué podemos pensar de tal paradoja?
Pese a las advertencias frente a sus riesgos las estatinas aún gozan de un gran favor. Incluso hay quien vende como solución natural contra el colesterol extractos de levadura de arroz rojo, que en realidad no son más que estatinas naturales en una dosis más baja.
¿Son estas terapias naturales menos nocivas que las químicas? Y, sobre todo: reducir el nivel de colesterol “malo”, ¿es realmente eficaz para combatir las enfermedades coronarias?

Cuando se descubre que los medicamentos convencionales utilizados para tratar una patología son en realidad peligrosos, lo más lógico parecería optar por soluciones naturales.
Por lo general esta es la estrategia correcta, pero no hay que olvidar que lo natural no tiene por qué ser siempre inocuo.
Este es sin duda el caso del colesterol; hasta las terapias naturales han producido un efecto devastador.
Durante más de 10 años, los expertos en nutriterapia aconsejaban un suplemento de vitamina B3 (en forma de niacina) para reducir los niveles de colesterol. Si se utiliza en grandes dosis, esta vitamina reduce el nivel de LDL y aumenta el nivel de HDL. Ahora bien, un reciente estudio que realizó una prueba con este tratamiento alternativo en más de 25.000 personas llegó a una conclusión tajante: la niacina reduce el nivel de LDL y aumenta el de HDL, pero no reduce la mortalidad ligada a los accidentes vasculares. Además, provoca efectos secundarios graves que vuelven inútil su utilización, como por ejemplo el aumento considerable del azúcar en sangre y del riesgo de morir por otras enfermedades (se dieron 798 fallecimientos en el grupo que tomaba niacina, frente a los 732 del grupo que no lo hacía). Estos resultados también forman parte de un estudio de síntesis en el que se realizó un seguimiento a más de 117.000 pacientes y que ha evaluado los efectos de todos los tratamientos existentes destinados a reducir los niveles de colesterol: fibratos, estatinas, vitamina B3, inhibidores de la CETP (proteína transferidora de ésteres de colesterol, por sus siglas en inglés), etc. Todos estos tratamientos efectivamente reducen los niveles de colesterol en sangre, pero no reducen la mortalidad cardiovascular. En realidad, la teoría sobre el colesterol “malo” es tan frágil como un castillo de naipes y se desmorona frente a la mayoría de estudios realizados con rigor. El colesterol es sencillamente incapaz de provocar enfermedades cardiovasculares.

El colesterol es una sustancia natural producida por el organismo y que el cuerpo utiliza de numerosas formas: en los músculos, para repararlos cuando están débiles tras el esfuerzo
físico; en el cerebro, para ayudar a las neuronas a comunicarse entre ellas; en las células, para ayudarlas a absorber azúcar, y en las arterias, para repararlas cuando han sido dañadas. El colesterol no es más que un testigo de la salud arterial, no la causa. De esta forma, al reducir el nivel de colesterol con tratamientos naturales o convencionales las células se debilitan, lo que aumenta el riesgo de AVC hemorrágico, diabetes y otras enfermedades. Un nivel elevado de colesterol es signo de fragilidad cardiovascular, y el único medio de actuar frente a este problema es mejorar la salud de nuestras arterias, lo que conlleva una reducción del colesterol. Los medios para mejorar la salud de las arterias son simples, pero requieren un compromiso mucho mayor que tomar una simple pastilla. Hay que hacer deporte al menos tres veces por semana, comer más fruta y verdura y menos cereales y evitar los aceites vegetales ricos en omega 6 (girasol, soja, maíz, cártamo, pepitas de uva...).

En lo que respecta a los complementos alimenticios, hay dos opciones realmente eficaces para mejorar la salud de las arterias y, por tanto, reducir el nivel de colesterol: los ácidos
grasos omega 3 y el ajo.