Señales que indican carencia de vitamina D

En 1836, la Enciclopedia de las ciencias médicas, la compilación sobre medicina más comple­ta del momento, señalaba que para frenar los problemas de crecimiento óseo en los niños como consecuen­cia de unos huesos “blandos”, y que se manifestaban en forma de pier­nas arqueadas, había que realizar un determinado ejer­cicio. Habrá que es­perar hasta 1918 para descubrir que esta anomalía, a la que se denominará raqui­tismo, se debía en realidad a una caren­cia de vitamina D.

También llamada cal­ciferol (del latín “por­tador de calcio”), la vitamina D se fabrica principalmente cuando se expone la piel a los rayos del sol. Por esta razón el raquitismo afectó especialmente a los niños que vivían en los suburbios de Inglaterra durante la Revolución Industrial, al encontrarse totalmente cubiertos de smog, una polución densa que bloqueaba los rayos de sol.

Desde finales de 1980 se han ve­nido sucediendo una serie de des­cubrimientos revolucionarios con respecto a la vitamina D; por ejem­plo, cuando los hermanos Garland asociaron el déficit de esta vitamina con el cáncer de colon. Poco a poco los científicos han ido descubriendo el inmenso potencial que tiene esta vitamina para la prevención de un gran número de patologías en los países industrializados. Sobre todo, teniendo en cuenta el bajo coste que tiene una suplementación de vitamina D en comparación con el precio de los medicamentos que se deben tomar una vez se ha detecta­do la enfermedad.

Los aportes de vitamina D3 han demostrado su eficacia a la hora de prevenir diversos tipos de cáncer y enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple o la poliartri­tis reumatoide. También tienen un papel destacado en el tratamiento de enfermedades inflamatorias del intestino, asma, diabetes, epilep­sia, psoriasis, hipoparatiroidismo y osteoporosis. Por último, a la vista de todos los estudios realizados, los investigadores tienen motivos para señalar que un buen aporte de vita­mina D3 podría evitar la muerte de decenas de miles de personas cada año en los países con poco sol ¡Y eso sólo hablando de cáncer!(1).

Existen dos formas de vitamina D: la vitamina D2 (ergocalciferol), de origen vegetal, y la vitamina D3 (colecalciferol), que en­contramos en las grasas animales y que el cuer­po sintetiza cuando la piel se expone a los ra­yos ultravioletas B del sol (UVB). Ésta última es la que ofrece un ma­yor beneficio para el or­ganismo, puesto que la vitamina D2 es la mitad de eficaz y, además, se vuelve tóxica más rápi­damente.

En invierno, cuando la humedad debilita las defensas, contar con una buena reserva de esta vitamina es la mejor manera de reforzar el sistema inmunitario; sobre todo contra la gripe, ya que se ha demostrado que va asociada a un nivel bajo de vitamina D en la sangre(2). Pero además de preparar al organismo para hacer frente a los virus, los suplementos de vitamina D protegen de otras molestias inver­nales como la fatiga o la depresión estacional, suavizando sus síntomas.

POR QUÉ ES RECOMENDABLE TOMAR UN SUPLEMENTO DE VITAMINA D

La vitamina D es necesaria para asi­milar minerales; especialmente calcio, fósforo y magnesio, que facilitan la ab­sorción intestinal a la vez que impiden que los riñones los evacuen a través de la orina. De este modo se previenen posibles carencias de calcio y magne­sio, lo que ayuda en gran medida en el proceso de crecimiento, así como en la salud de los huesos y los dientes.

En la actualidad el raquitismo ha desaparecido prácticamente de los países desarrollados gracias a los suplementos de vitamina D que se toman en la primera infancia, cuyo consumo se ha extendido entre los niños más pequeños. Pero a cambio la osteomalacia, el equivalente del raquitismo en los adultos, se encuen­tra todavía muy extendida en Euro­pa, sobre todo entre los ancianos.

Pero además de desempeñar esta función vital en la absorción de mi­nerales, la vitamina D, conocida como “vitamina del sol”, también actúa sobre las células e interviene en la “regulación de la expresión” (me­canismo por el que se manifiestan) de más de 400 genes, lo que hace que un posible déficit no sólo tenga un impacto en los huesos, sino que re­percuta en todo el organismo.

LOS 5 SIGNOS DE UNA CARENCIA DE VITAMINA D

Los siguientes 5 síntomas deben po­nerle en alerta, ya que son indicios de que existe un déficit significativo de vitamina D:

1. Debilidad ósea y muscular: a menudo viene acompañada de ca­lambres, ya que la vitamina D regula los intercambios de calcio y magne­sio, responsables de la contracción y la relajación de los músculos.

2. Sensación persistente de de­bilidad y fatiga: la vitamina Dcontrola la síntesis de los neurotrans­misores que intervienen en la activi­dad motora, como la dopamina y la noradrenalina.

3. Depresión y ansiedad (ver cuadro más abajo).

4. Disminución de la inmuni­dad: la vitamina D permite sinte­tizar las proteínas antimicrobianas que actúan como sistema de defensa frente a las enfermedades.

5. Pérdidas de memoria: la vi­tamina D previene la muerte pre­matura de las neuronas.

Atención: mucha gente puede su­frir un déficit de vitamina D pero no tener los síntomas indicados, lo que explica por qué la mayor parte de la población tiene una carencia de esta vitamina. La mejor forma de asegurarse que sus niveles son los adecuados es haciéndose un análisis de sangre.

En Europa, entre el 50 y 70% de los adultos sufre un déficit de vitamina D.Y en España, por mucho que ex­portemos la idea de sol y playa, lo cierto es que el déficit de vitamina Des generalizado. Hay estudios con­cretos que confirman que la pobla­ción española lo sufre, y cuya con­clusión es que en áreas geográficas variadas y en distintos tramos de edad, la población española, pese a tener sol en abundancia, tiene défi­cit de esa vitamina(3)(4)(5).

SUPLEMENTOS DE VITAMINA D: LO QUE HAY QUE SABER

Para poder sintetizar la vitamina D en la piel es necesario que la longi­tud de onda de la radiación solar esté comprendida entre los 290 y los 315 nanómetros. La intensidad de la radiación solar disminuye a me­dida que nos alejamos del ecuador (cuando el ángulo cenital disminu­ye), como sucede desde la llegada de otoño hasta la primavera, lo que explica por qué en invierno no se puede producir vitamina D. Ade­más, las cremas solares bloquean los UVB, lo cual también explica por qué incluso en verano se constatan déficits de vitamina D. Y también afecta la polución, que bloquea los rayos de sol.

Las necesidades de vitamina D son di­rectamente proporcionales a la com-plexión de cada persona, puesto que se almacena en los tejidos. Por tanto, las necesidades de un individuo con sobrepeso serán siempre mayores que las de una persona delgada, y del mismo modo las de un niño pequeño serán menores que las de un adulto(7). También influye el color de piel o se­guir una rutina en la que apenas dé el sol, por ejemplo si se está todo el día en interiores o se lleva un vestuario que tapa toda la piel.

Los estudios actuales indican que para mantener un nivel normal de vitamina D el 80% de los adultos ne­cesita 4000 UI/día y el 20% restan­te un poco más(8). Se recomienda no superar los 10 000 UI diarios, aunque nunca se ha observado ningún caso de toxicidad con dosis inferio­res a 25000 UI/día durante varios meses seguidos.

Las recomendaciones oficiales

200 UI al día es la Cantidad Diaria Recomendada (CDR) en Eu­ropa, y el que consta en la información nutricional que aparece en la etiqueta de los alimentos, redactada según la legislación vigen­te a nivel de la Unión Europea.

Se considera que un adulto tiene déficit de vitamina D si su nivel en sangre es inferior a 75 nmol/l (30 ng/ml). Pero para mantener unas tasas de calcifediol (que es el 25-hidroxicolecalciferol, un análogo liposoluble de la vitamina D3 con sus mismas propiedades) superio­res a 30 ng/ml, es preciso ingerir 1000 UI de vitamina D3 al día. La protección contra el cáncer de mama se observa con tasas de 25(OH)D a partir de 52 ng/ml. Entonces, ¿cómo alcanzar dichas tasas? Desde luego no con 200 UI diarias.

En el año 2011 la Academia Nacional de Ciencias y Medicina de Estados Unidos (HMD por sus siglas en inglés), actualizó los niveles de CDR de vitamina D y lo estableció en 600 UI/día para edades comprendidas entre 1 y 70 años, incluidas las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia. Pero sigue siendo baja.

Investigadores europeos (proyecto de investigación ODIN, finan­ciado por la Unión Europea y en el que participa la Universidad Politécnica de Madrid) están estudiando la vitamina D en la pobla­ción de cara a poner en marcha una estrategia de salud pública que incluirá la revisión de las recomendaciones actuales de vitamina D en los diferentes grupos de población.

 

¿De verdad es necesario medir la tasa de vitamina D en sangre?

Muchas personas comprueban regularmente su tasa de vitamina D mediante análisis de sangre.

Sin embargo, de acuerdo con un grupo de investigadores estadounidenses en salud pública, estas pruebas prácticamente no sirven para nada. Después

de haber hecho el seguimiento de miles de pacientes, estos expertos han demostrado que la suplementación guarda relación con un descenso de la mortalidad independientemente de la dosis de vitamina D de partida. Así pues, esos análisis de sangre no tendrían demasiado sentido, ya que la suplementación

siempre resulta beneficiosa. En cuanto a la toxicidad, el riesgo sólo aparece a partir de un aporte superior a las 20 000 UI al día y durante muchos meses.

Párkinson: la vitamina D es eficaz, pero no la coenzima Q10. Anteriores estudios sugerían un efecto protector de la coenzima Q10 sobre la enfermedad

de Parkinson, pero varias investigaciones recientes parecen demostrar que estas esperanzas carecen de fundamento. Como se trata de una sustancia antioxidante

natural y muy potente, la coenzima Q10 (CoQ10) se fomenta como complemento alimenticio “milagro” contra el envejecimiento. Unos primeros estudios demostraron que, en efecto, tenía un efecto positivo sobre las neuronas al reducir su degradación a lo largo del tiempo, por lo que se creyó que podría resultar beneficiosa contra el párkinson.

Por desgracia, varios estudios llevados a cabo poco después no pudieron sostener esa hipótesis. En el último estudio realizado hasta la fecha, que supuso más de 5 años de trabajo, se siguió durante 16 meses a más de 1.000 enfermos, algunos de los cuales recibían CoQ10.

Al final del estudio, los investigadores no habían encontrado ninguna mejora de los síntomas en las personas que tomaban ese suplemento en relación con el grupo placebo. Por el contrario, otra investigación científica demostró que una suplementación de vitamina D a razón de 1200 UI al día durante 12 meses permitía ralentizar la evolución de los síntomas, y eso sin efectos secundarios. Unos resultados prometedores.